Estrés negativo o diestrés

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Cuando me dieron la oportunidad de escribir en este blog me dije a mí misma: ” Seguro que lo haré bien”, y automáticamente se me vino a la cabeza : “Vaya falacia acabo de pensar”. Un pensamiento automático invadió mi cabeza y en este caso el pensamiento no era positivo. Por esto decidí hablar sobre los pensamientos automáticos y de cómo éstos podían dañarnos en el caso de que fueran negativos

A veces pensamos que no podemos hacerle frente a una determinada situación porque nos sentimos desbordados con sus demandas, a este tipo de percepción se le llama “diestrés”(estrés negativo), un nuevo término que pocos conocemos.

¿Qué es el diestrés? Se entiende como la percepción de incapacidad para afrontar los retos que se nos piden y puede poner en peligro la estabilidad emocional. En este malestar subjetivo, predominan emociones y sentimientos tales como irratibilidad, ira, desánimo, tristeza, miedo, insatisfacción, entre otras muchas.

Este tipo de malestar subjetivo se crea con una combinación de tres elementos indispensables, como los cócteles.

  1. Los estímulos ambientales (sucesos externos). Ej. Llegamos corriendo a la parada de autobús por que estamos viento que se marcha.

  2. La activación fisiológica (respuesta física). Ej. La tensión y esfuerzo necesario para llegar corriendo al trabajo.

  3. Los pensamientos negativos (interpretaciones negativas). Ej. “Estas situaciones me ponen furios@.”

Estos tres elementos interactúan de tal manera que hacen que una persona se sienta ansiosa, con cólera o deprimida. Éstas son las tres emociones principales que se manifiestan con el diestrés.

Tras muchos años estudiando sobre las respuestas de los estímulos he llegado a una conclusión:

Las reacciones emocionales son la respuesta a una interpretación de los sucesos percibidos. Si una persona está ansiosa es porque está interpretando los sucesos como “peligrosos”. Si se enfada mucho es porque interpreta que está padeciendo abusos o injusticias. Si está deprimida es porque interpreta que es una víctima o sufre una pérdida importante.

Hemos visto que lo que una persona piensa le lleva a lo que siente. El pensamiento precede a la emoción y ésta depende del pensamiento. Si podemos cambiar las interpretaciones del pensamiento podremos cambiar las emociones negativas.

Esto es un círculo de retroalimentación negativa y para repararlo, lo mejor es intervenir en el pensamiento negativo o distorsionado.

Un ejemplo sería cuando decimos o pensamos “Nadie me quiere”. Esto es un pensamiento sobregeneralizado de una situación que nos llevaría a sentirnos ansiosos, coléricos o depresivos. Se debería corregir éste pensamiento con otro más acertado como “Ésta mujer no me quiere, pero mi madre daría la vida por mi”.

Autora: Dámaris Estévez Ramos

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